Venezuela herida de bala

 

The police and the National Guard keep hiking their sadism. Yesterday’s march barely reached José Lazo Martí avenue and you could smell the tear gas farther down in the arepera Misia Jacinta. Avenues Tamanaco and Venezuela in El Rosal turned into shelters for protesters, as they repeated the tactic of advancing and retreating to the…

a través de Official sadism — Caracas Chronicles

Entre nubes japonesas te veas: Moshi

moshiiiUna etimología japonesa dio  el nombre de quien sería mi compañera por al menos dos años y medio. En mi afán por retribuirle mis ganas y cuidos  a un ser vivo, me aventuré a indagar en internet todo lo referente a la adopción de un conejo enano. No era de extrañar que en Caracas esta raza no era tan común, pocos lugares ofrecían esta peculiar motita de pelaje, pequeña, dócil y consecuente. Pasaron varios meses hasta  que di  finalmente con la señora Mayra, una excelente criadora de conejos, que no sólo era una experta sino también una excelente persona.  Al lograr el contacto pude darme el lujo de escojer a través de fotografías al gazapo que alegraría mis días y los de mi familia. Una imagen entrañable de bolitas mulludas en  una cesta  saltaban a la vista, entre orejas erguidas y naricitas en formas de corazón. Al ver a quien se ganaría el nombre de Moshi, supe en un santiamén que era ideal para mí con su pelaje blanquecino con puntitas grises (imagen que aludía  al haber sido recién sacada de una chimenea).

IMAG0087Al decidirme tuve que esperar dos meses para que fuera destetada por su madre, los mimos de la señora Mayra iban desde agua de coco, frutas y leche tibia de su mamá coneja. Al cumplirse el tiempo dual, recibí la llamada que daría el inicio del viaje que incluyó cariños, largas esperas sentada en una alfombra hasta que llegara del trabajo, vueltas en círculos en el momento que cruzaba por la puerta de la casa y unos cuantos cables carcomidos por sus dientes a medida que entraba en la adultez.

Ese sábado fue  sumamente especial me acompañaron a buscarla mi pequeño sobrino Benjamín, mi vieja y un bolso estilo tote que se convertiría en el must de sus primeras visitas al veterinario. Con gran confianza Moshi nos recibió y fue cargada de inmediato por Benjamín, la escena del zaguán, el chinchorro meciéndose de un lado al otro con mi sobrino allí  y el gazapo entre sus manos, son de esas que deben ser recordadas en una crónica…

El primer día la tuve en una caja porque no conseguía un lugar ideal en vista de la escasez, pues sí esa infame y conocida palabra que ha oscurecido el día a día del venezolano, hasta las mascotas padecen de este flagelo en algo tan simple como comida, medicinas y una jaula dónde vivir. Esa noche fue larga entre rasguños, pequeñas patadas y una incomodidad propia del primer día alejada de lo que era su antiguo hogar.

333Los días siguientes fueron dentro de su nueva jaula, espaciosa, blanquecina con su platito verde y dispensador de agua que pertenecieron a ella desde que llegó a mi apartamento. Pasaron los meses, los días,  las hojas del calendario y la muestra de  su amor innegable a mi familia fue uno de los rasgos más loables de Moshi. Su personalidad era ideal para mis seres queridos, tan golpeados por perdidas, tristezas y algunos altibajos. Su talante dócil, confiado y cariñoso nos brindaron los mejores dos años y medio.

Curiosamente su tamaño cambió, su aspecto mutaba  según las estaciones, unas veces color vainilla, otras moteada hasta convertise en mitad nutella y mitad vainilla.  De coneja enana pasó a ser alta, fuerte y de largas orejas. Al presenciar ese cambio constante pude averiguar su genealogía y resultó que era una mezcla entre conejo enano y liebre. El por qué a mis interrogantes fueron respondidas en un cruce poco común.

Mis seres queridos acostumbran elogiar y rendir homenaje especial en los onomásticos, días de santos y cuanta fiesta que involucre logros y metas alcanzadas. Recuerdo que su primer cumpleaños lo celebramos con torta de zanahoria y el segundo fue con unos cupcakes de zanahoria y canela, el regalo de Moshi fue muy variado entre zanahorias, conejarina importada y su acerrín de pino especial para conejos. Suena un poco tonta la mención pero en un país que dejó de ser saudita por el desfalco de sus alforjas, cualquier producto importado es una joya que hay que saber exhibir…

Al arribar el 2013 mi pequeña bola de pelos empezó a experimentar los males propios de su raza, patitas maltratadas por la jaula y una extraña afección estomacal que fue el detonante de su partida. La primera la superó con creces la segunda fue un auténtico viacrusis en medio de los asesinatos de estudiantes en manos del brazo armado del gobierno de Maduro, flamante heredero de la infamia y la violencia de su predecesor Hugo Chávez.

cuatro

El hado funesto no perdona

A tan solo un día después del asesinato de Robert Redman y Bassil Da Costa, muertes que demarcaron una de las grandes perdidas que he experimentado este año, sin contar el profundo dolor de ver medios impresos que cierran y colegas que recogen sus pertenencias, como si el hado funesto demarcara su pronta salida antes de arrasar con la vida que emana el derecho al trabajo. Moshi estaba decaída, con mucha depresión, pocas ganas de comer y sin esa alegría que la caracterizaba. Antes de ese jueves 13 de febrero   había llamado a su doctor para recibir directrices y medicinas para ayudarla en sus últimos días. Me encontraba realmente aturdida por las noticias de la violenta represión que vivían los habitantes de los estados Mérida y Táchira en manos de efectivos policiales y de guardias nacionales; la escasez, la posibilidad de quedarme sin empleo y la enfermedad de mi mascota. Sin exagerar puedo afirmar que tenía alrededor de una semana sin conciliar el sueño y de vigilar el comportamiento nocturno de mi coneja. Ese día amaneció con su rostro ensangrentado, fuera de su jaula comiendo una zanahoria y de su boca un coágulo de sangre que colgaba de sus fauces. El piso de mi habitación exhibía algunas gotas de sangre, el sobresalto y el miedo me invadió una vez más. No dudé en llamar de inmediato a mi hermano para que me llevara al veterinario. En medio del caos de las protestas y de la indignación que se gestaba en Caracas, llamé al doctor García para que revisara a Moshi. Mi hermano, mi sobrina, mis viejos y yo fuimos a “Mis Mascotas y yo”, con mi pequeña en brazos y algunas esperanzas de que ésta fuera otra de esas historias que pudiera contar con un final esperanzador. Esa mañana el doctor García no llegó a tiempo y me atendió Jorge con su gran paciencia, cariño y sapiencia hacia  los animales. A Moshi le hicieron varios exámenes y ninguno mostró una causa que fuera realmente detonante de ese coágulo y su conducta errática. Al parecer tuvo parásitos que fueron expulsados naturalmente y tenía una gran depresión por no poder ser madre. Semanas atrás, se había arrancado violentamente los pelos de su pecho, quedándose con una lesión en piel que estaba siendo recuperada por la magia del Beducen…

roibertLuego de pasar más de tres horas en consultorios, llamadas que iban y venían de mi lugar de trabajo por haber faltado al cierre de esa edición de la revista; tuve que buscar los medicamentos que el doctor le había recetado…

Al finalizar la consulta y el desparasitaje mis viejos me acompañaron a Chacao para ir a Don Perro a buscar el antibiótico y a una farmacia homeopática para  hacerle frente al milagro de encontrarle unas gotas que la ayudarían con la depresión. Con Moshi dentro de su bolso pasamos al frente de la esquina donde fue asesinado Robert Redman, allí un grupo de jóvenes pintó sobre el cruel asfalto  su silueta, con un homenaje de flores y un estudiante cubierto de rojo que paralizaba el tráfico en protesta de esta fechoría en manos de un efectivo del Sebin. No pude contener mis lágrimas al paso, me acerqué a mostrarles mi afecto y deplorar otra muerte más.

Conté con la bendición de encontrar sus medicamentos (con altos costos) para ir de regreso a casa y darle un poco de paz a la valiente Moshi. Al llegar a casa la coloqué acostadita en su alfombra, no podía pararse, caminar y ni siquiera comer. El dolor que tenía en mis sienes me hizo caer rendida por treinta minutos, al pararme con gran sobresalto denoté su gran tristeza y ese pálpito que te dice que su vida pende de un hilo y  la certeza de que esas eran sus últimas horas. Comencé a orar, a clamar misericordia de su padecimiento y justo a las 6:30 de la tarde entre mis brazos dio sus últimos pasos sobre mi pecho (lugar en que recostaba su rostro) y dejó de respirar. Su naricita en forma de corazón quedó inmóvil, y el hálito de vida del creador se esfumó como el polvo del que estamos hechos.

mosjoi2A partir de ese momento rememoro el duelo en cada muerte estudiantil,  protestante,  marcha en contra el odio, la necesidad y el control implantado desde las esferas del poder que lucha por permanecer intacto rodeado de un comunismo.

Han sido momentos complicados, una vorágine de acontecimientos que no te permiten levantarte y agarrar fuerzas para aguantar de pie a los que que vendrán luego.

Pasó un mes de esta narrativa y quise compartir este sentir al tiempo de vivir mi duelo y recordarla con el profundo respeto que le dimos al ser otro miembro más de mi familia. No ha sido sencillo convivir sin ella, guardar sus pertenencias y mucho menos traerla a la memoria en cada esquina de mi hogar.

Por siempre tu ternura, compañía, amor puro y entrega sin límites.

De dónde se originó su nombre

conejoEl Mochitsuki es la ceremonia de moler el mochi en año nuevo, si dividimos esta palabra en dos obtenemos Mochiy Tsuki que significa luna. Pues bien, esto no es una coincidencia, y como casi todo en Japón y propio de los países asiáticos tiene un significado oculto originado de una larga tradición, descrito a continuación:

“El Tsukimi es una tradición que llegó a Japón hace más de mil quinientos años desde China y que se popularizó durante la era Edo. El Tsukimi consiste en contemplar la Luna el primer día de otoño en el que la Luna está llena, y los días siguientes. Según la mitología China ese día se pueden ver conejos correteando por la Luna. La creencia de que en la Luna viven conejos viene del Budismo, es una leyenda originaria de la India que se transmitió y adaptó en China en en forma de “Festival de la Luna” y en Japón se adaptó en forma de “Tsukimi”.
Según una leyenda, Buddha en una de sus reencarnaciones fue un conejo que tenía como amigos a un mono, una zorra y una nutria. Un día el Buddha-Conejo propuso a sus amigos que los días de Luna llena buscarían comida extra y se la darían a gente hambrienta. El primer día que hubo Luna llena, el mono trajo plátanos, la zorra un cervatillo, y la nutria trajo pescado. Pero el Buddha-Conejo no pudo traer nada, porque lo único que comía era hierba y eso no lo comen los humanos. El Buddha-Conejo se dió cuenta del gran problema en el que se había metido y decidió que ofrecería su carne como comida. Comunicó su decisión al “Rey del cielo”. Cuando llegó el momento, el “Rey del cielo” creó una fogata y el Buddha-Conejo se saltó dentro de ella. Pero el fuego que había creado el “Rey del cielo” no estaba caliente, el Buddha-Conejo no se quemó. El Buddha-Conejo se quejó de que ese fuego no quemaba y el “Rey del cielo” le dijo “Lo importante es que tuviste buena voluntad y fuiste sincero cumpliendo tu promesa de dar tu propia carne como comida. Tu buena voluntad y tu proeza no serán olvidados”. A continuación, el “Rey del cielo” dibujó un enorme conejo en la superficie de la Luna que recordaría a todas las futuras generaciones la proeza y la buena voluntad del Buddha-Conejo. En China se cree que en la Luna hay un conejo creando el elixir de la inmortalidad y en Japón que lo que hace el conejo es moler mochi con un mazo.”