El arte de saber decir adiós

2009

Diciembre y sus designios se han convertido en un punto obligado de despedidas semanales, de valijas, recuerdos y regalos sobrantes que no pueden ser parte de los 33 kilos permitidos en cada recuadro con ruedas, en los cuales tu vida no tiene cabida por completo.

En medio de las cámaras, laptops, luces, ropa y hasta indumentaria musical he sido parte de testimonios familiares enternecedores. Uno de los últimos, mi amigo de la universidad Marcos, un gran editor, productor y camarógrafo venezolano emprendió su nuevo futuro en el sur. Al ser parte de este instante, una de sus tías trajo consigo a su casa una cadena con un anillo, perteneciente a su abuelo, un inmigrante que vino a darlo todo en Venezuela. Tanto que su herencia floreció hasta verse en un suelo infértil desde la llegada de Chávez al poder. El traspaso sanguíneo inmigratorio tocaría a Marcos, uno de los herederos de esa tradición viajera, al ser el primogénito que sembrará las bases para todos aquellos que quieran seguir sus pasos.

Una semana antes, otro de mis grandes amigos, confidentes y compañero de proyectos emprendió su rumbo al mismo lugar que Marcos, unos días antes pudo ser parte de una estadística fallida en medio de una autopista en manos del hampa. No era su día y menos la hora del cese de su existencia. Sabía de antemano el sorteo de sus dados,  una apuesta plena a la paz y  un bienestar seguro fuera de la Venezuela sangrienta que trajo consigo la “revolución del siglo XXI”.

Doce, número  par  de despedidas

A principios de este doce uno de los testimonios que más me sorprendió fue el de Rafa y Gladys, ambos unos de mis mejores amigos, son pareja desde hace siete años, cercanos a mi entorno, tanto que mi suelo era su techo, y mis paredes sus cornetas al ver películas con el subwoofer, hacían de mis domingos  todo un escándalo vibratorio. Desde hace nueve meses planeaban y soñaban con el plan concretado, ellos aprovecharon los convenios internacionales aún vigentes para dar forma a su plan de escape. Ahorros, silencio y mucho esfuerzo fueron tres factores que demarcaron su éxito.

El momento de esa despedida en particular fue más  bien de un hasta luego, su fortaleza y esperanza iluminaron toda desesperanza en mi persona. Toda comodidad quedó disipada y nuevos bríos invadieron mi espíritu. Cada rostro, testimonio y esfuerzo quedó marcado en mi memoria. Sus palabras, sacrificios impulsaron de cierta forma la fecha de expiración de mi permanencia.

Una nueva especie

En la tercera semana antes de finalizar  el año una nueva especie tomó forma invisible de Mar Caribe. La protección de la excusa sirvió para alargar durante una semana la muerte sostenida, la terapia intensiva se hacía cada vez más usual. Los temas repetitivos, los esquemas de abordaje no sorprendían y la intuición ya había echado sus cartas. Este adiós no me tomó por sorpresa, la distancia  había sido practicada al pie de la letra.

Todo queda así en un final sostenido cual nota musical…

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