Extremos

En extremos

Sábado por la mañana, un balbuceo se oye al fondo de este monitor, hablan de gamificación y la voz que emerge de mi interior dice: ¡Bah! quiero dormir.

He tenido días de insomnio, la mente y sus trucos han modificado los patrones del sueño. Visiones entre la lucidez y lo irreal, han jugado varias partidas de ajedrez, con lo que me queda de neuronas.

Particularmente  el universo, el cosmos o la fuerza superior que quieras denominar, te dirige en cierta forma a  palpar en ti y en los otros, la dirección que no siempre sigues al pie de la letra.

He jugado a ser analista, un poco anarquista, comprensiva, la mujer típica relajada, pero debo admitir que le tengo pavor a lo inestable, a lo que no me sujeta del todo y al fluir sin un fin. Detesto la domesticación, la sumisión y el jugar a que todo está bien para complacer las vaciedades del otro.

Fluir y fluir

Lo he hecho en el pasado y es como jugar a la ruleta rusa, puede salirte de maravilla o puede ser el peor error de tu vida. Cuando las historias se conectan tanto en esta minúscula ciudad: la estadística de desfalco emocional aumenta.

Me desagrada que me timen, que vendan el ticket de la amistad con juegos que no son de amiguetes. La exploración de las barreras, trae confusión, apego de alguna de las partes y mucho caos.

Me produce gracia aquellos que piensan ser la encarnación del Dalai Lama, cuando echas un vistazo a las acciones que han sembrado, el equilibrio y el conocimiento de sí no son su mejor fuerte.

Mercadeo y más mercadeo

En mis múltiples conversas con Mr. P antes de sus idas y venidas hasta finalmente estar en DF, la profundidad de nuestros vacíos afloraban un punto en común: la felicidad. Mucho de esto ha dado miles de páginas a libros, un motivo de respuesta a filósofos y pretextos para resucitar a antiguos gurús de la  Nueva Era, que te venden cual testigo de Jehová los pasos para conseguir la paz interior. No siempre el camino de otros y los consejos de extraños se ajustan a tu medida de vacío.

No sé si es porque estamos llegando al final del año, justo la época en que la adultez se te sube a la cabeza y empiezas a decirte: ¿qué quiero de mí?, ¿cómo me veo en el 2015? y hasta cuándo conseguirás gente que no está a la altura del juego.

Me siento como el cometa Halley, llegó cada diez años conmuevo las bases y desaparezco. Como un acto de magia, ahora me ves y ahora no me ves. No es una estrategia, ni una forma de hacer daño, ha sido la mejor manera que he encontrado para  no vincularme del todo para salir completamente con los bloques en la cabeza. En mi listado existen varias parejas separadas, que luego de mí se casan, entonces ya entenderán un poco mi renuencia a ser tan suelta.

Amores de Instagram 

No todo lo que ves es real, no todo lo que venden es útil y menos la felicidad hipster  es buen augurio de algo que valga la pena. La cultura que desvirtuó la Polaroid, la memoria analógica por el exceso de lo digital. Todos quieren jugar a tener relaciones perfectas en imagen y una obsesión de: mírame y envidia mi estilo de vida.Somos editores de cada toma, fragmento de lo que reflejamos con el pulso perfecto de un cirujano.

Me pasa algo, me encantaría no haber regresado y que todo estuviera intacto, tú en tu sitial y yo en el mío. A jugar de nuevo a conseguirnos, en alguna estación caraqueña, con un simple beso en la mejilla y una sonrisa de Monalisa que se repetiría en diez años más.

Es así vivimos en extremos no en la balanza idealista. Soy un nudo inmenso que al desatarlo puede impactar vidas en un santiamén.

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