“Voy a morirme pintando”, Oswaldo Vigas

ImagenTuve el privilegio de estar frente  al maestro en dos ocasiones para entrevistarlo. Al afianzar la amistad con su esposa Janine y su persona fui invitada en  varias ocasiones a sus exposiciones. Una de las últimas asistí con mi mejor amiga Patricia, ambas parecíamos dos niñas perdidas en una tienda de dulces. Extasiadas ante el colorido del maestro en una retrospectiva que rindió homenaje a su prolífica obra en los años setenta, de la que se cuentan innumerables lienzos y murales minuciosamente colocados en la Universidad Central de Venezuela. Allí pude presenciar el reencuentro del maestro junto a Sofía Imber, un abrazo de esos legandarios, chistes y complicidad a borbotones.

La primera vez que lo entrevisté estaba muy molesto, un tanto irritado por la convalencia médica. Logré tocar su fibra al hablar de música clásica y un poco de su maestro Pablo Picasso. Nos burlamos de Dalí y su encuentro en una librería en París, lugar en que el surrealista firmaba su biografía. El maestro le dijo que para qué era esa fila, Dalí lo vio de reojo y le dijo por la venta de mi libro, Vigas con desparpajo le dijo que no tenía su libro.

Otra de sus anécdotas era   su  gran miedo ante la posibilidad de ser  padre. Me confesó que Janine lo engañó al decirle que esperaba a su primogénito. Este médico pediatra no quería vivir de cerca este rol al palpar el sufrimiento de la enfermedad en los niños. Este espacio se hace pequeño para tanta tinta que vertir, lo único que puedo reiterar entre lágrimas es mi eterno agradecimiento a este regalo que recibí a través del ejercicio de mi profesión.

Antes de terminar este post traigo a mi memoria la jocosa frase de ¡jodido pero radiante!, así me respondía al preguntarle cómo se sentía, al hablar de política me dejó muchas veces en claro su rechazo por el comunismo y su profunda  sinceridad al creer en un estado de élite intelectual sobre el populismo.

Entre mis mayores tesoros las dos piezas que me regalaste, el retrato y tu paciencia ante esta mortal que estuvo por horas maravillada ante tus historias.

 

Tu eterna amiga, Jennifer Albornoz
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