Crimen y Castigo… y Vacaciones


DESASOSIEGOS — POR BABAB. ABRIL 18, 2011

Por Jaime Eduardo Glz. Meléndez

A setenta kilómetros al sur de Oslo se encuentra una pequeña isla donde habitan alrededor de ciento cuarenta personas, el lugar es un ejemplo de desarrollo sostenible, sus habitantes cultivan y pastorean, salen de su isla para ayudar en las comunidades vecinas restaurando casas, y también trabajan en su propio aserradero empleando hachas, cuchillos y sierras eléctricas, la isla está a muy poca distancia de la costa y sus habitantes entran y salen a placer, pues no hay muralla que se lo impida. Esta pequeña isla se llama Bastøy, y es una cárcel.

Ahora, exceptuando algunos pocos países (Canadá, Australia), el modelo penitenciario de los países nórdicos es para el resto del mundo, un punto intermedio entre lo surreal y lo increíble.

En el 2010 el Rey Harald V inauguró la prisión Halden, donde habitan unos 250 reos en dormitorios individuales con frigobar, baño y pantalla plana; las ventanas de las habitaciones están diseñadas a manera de que entre la mayor cantidad de luz posible y no hay barrotes que los separen ni de los pasillos ni del exterior. A cada diez o doce habitaciones les corresponde un salón de estar y una cocina; la prisión además cuenta con biblioteca, gimnasio, canchas deportivas y hasta un estudio de sonido profesional. Los guardias no cargan arma alguna, y la mitad de ellos son de hecho mujeres; además, los reos y los custodios comparten horas de comida y participan conjuntamente en actividades deportivas. Cada cierto tiempo se les entrega a los reos una encuesta en la cual se les pide que evalúen el trato y la experiencia vivida en la prisión, porque su opinión es tomada en cuenta, y así lo demostraron el primer ministro y el principal miembro de la oposición en el 2009, cuando participaron en un debate – televisado en vivo en cadena nacional – con Bjoernar Dahl, un convicto de cuarenta y tres años que cumplía una sentencia por complicidad en un caso de contrabando. Por otro lado, no sólo la opinión de los reos cuenta en Noruega, también su voto, pues retienen en prisión ese derecho.

Ahora, por supuesto que Noruega no se ha visto ausente de problemas en este tema, han existido críticas del partido de la oposición para aumentar las penas a crímenes con violencia, pues la pena máxima en el Reino de Noruega es, invariablemente, de veintiún años. Otro de los problemas que tuvieron que encarar fue que en ocasiones los criminales tenían que esperar demasiado tiempo para empezar a purgar sus penas, pues dado que la política de gestión de las prisiones prohíbe la sobrepoblación, en algunas tuvieron que construir nuevas celdas, porque a veces los criminales tenían que esperar meses o hasta años, para comenzar a cumplir su pena, y mientras tanto, se les dejaba permanecer en casa.

Hasta aquí, la pregunta que probablemente ronde nuestra mente será ¿Cómo es que en Noruega pueda ocurrir esto? ¿Cómo puede en ese país, y en sus hermanos escandinavos, funcionar un sistema así? Porque es un hecho que este sistema funciona, estos países tienen los porcentajes más bajos de reincidencia criminal en el mundo (para dar una idea general, en el Reino Unido y  Estados Unidos entre el 50 y 60% de los convictos vuelven a una cárcel en menos de dos años después de haber sido liberados, mientras que en Noruega, es alrededor del 20%); además, existe un indicador que es la “Proporción de Población en las Cárceles” (PPC), que es la relación de reos encarcelados por cada cien mil habitantes.

** El caso de Islandia en lo posterior será tratado en forma especial en este artículo dada la actual crisis que enfrenta el país. Sin embargo, a pesar de tal crisis los estándares de vida de este país volcánico, se mantienen a un nivel sumamente alto en relación, inclusive, a otros países desarrollados.

Si bien se trata de una versión muy resumida de la World Prison Population List, para empezar a reflexionar sobre estos temas bastará como un primer paso hacia una visión más integral. También hay que decir que el PPC, o número de reos por cada 100,000 habitantes, no es lo mismo que la actividad criminal en un país; como ejemplo tomemos el caso de México en la actualidad, donde es evidente que existe más actividad criminal de lo que su PPC indica.

Por principio resulta interesante que los países escandinavos se emplacen en puestos tan altos de la tabla, el cuarteto formado por Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca tienen un promedio de 67,5 en su Proporción de Población en las Cárceles. Sin embargo, más aún resalta que Japón (PPC 63) se encuentre en medio de ellos, y si a eso le aunamos el caso de Alemania (PPC 89), podemos dejar de lado la hipótesis de que sólo un país poco poblado puede aspirar a una baja PPC, en especial si aunamos a este caso a Luxemburgo (PPC 155) con una población de medio millón de habitantes; en este sentido Uruguay (PPC 193) o Azerbaiján (PPC 229) caben ser puestos sobre la mesa pues, con poblaciones similares a las naciones escandinavas, sus PPC son considerablemente mayores. Por otro lado saltan a los ojos los casos de Rusia y Estados Unidos, en especial este último, que es el país con la proporción de población en cárceles mayor en todo el mundo, de hecho la cantidad total de reos que tienen es tan alta que la población de Islandia cabría casi diez veces en las prisiones estadounidenses, y casi podrían alojar en sus cárceles a toda la población de Uruguay.

Las cuestiones demográficas parecen, a primera vista, no tener mayor significancia para explicar por qué Escandinavia puede permitirse un sistema penitenciario tan, por decirlo de una manera, “generoso”. Sin embargo el factor demográfico no debe ser desdeñado sin más, pues añade un elemento de complejidad para los gobiernos al momento de regular y analizar la sociedad, lo cual no es poca cosa; digámoslo así: es mucho más fácil comprender como funciona el motor de un juguete, que el cómo funcionan todas las máquinas dentro de una línea de ensamblaje de una fábrica automotriz.

Quizá para intentar averiguar el cómo y por qué puede existir ese tipo de sociedad, haya que prestar atención a una explicación tan sencilla como humana, expresada por Hojgaard Nielsen, el arquitecto que diseño la prisión de Holden: “Muchos de los prisioneros provienen de hogares disfuncionales, así que quisimos crear un ambiente familiar [refiriéndose al diseño de la prisión].”

En el fondo de estas palabras se esconde una verdad sutil y profunda sobre la filosofía de Estado en los países escandinavos, y para explicarlo hay que atender a un concepto que yo llamo: “Accidente de Nacimiento”. Esto se refiere a una idea muy sencilla, la personalidad y la vida de cada uno de nosotros está fuertemente determinada por el lugar y tiempo en el que nacemos, de esta forma una persona en una región y época determinada reflejará ideas, principios, valores y vicios propios del escenario en que le toca vivir. El idioma es el ejemplo más claro para tal efecto, el primer idioma de cada uno de nosotros es altamente probable que sea el del lugar en el que nacimos. La religión es otro ejemplo, pues la probabilidad de que una persona comparta la misma fe o creencia que sus padres, es muy alta. De la misma forma, alguien que nazca en la pobreza, lo más probable es que permanezca pobre por el resto de su vida.

Desde que nacemos hasta la hora de nuestra muerte, nuestro entorno nos define y redefine. El ejemplo más clásico sería el de un par de gemelos que al nacer sean separados, uno llevado a vivir a un país católico y otro a un país musulmán. Las diferencias de personalidad pasados cinco años serían radicales aún a pesar de compartir la totalidad de su bagaje genético. A manera de regla general, podemos afirmar que el Accidente de Nacimiento es determinante en la vida de todos los individuos. El hecho es que la persona que somos al día de hoy, en el momento en que leemos estas palabras, tiene mucho o todo que ver con el lugar y tiempo en el que nacimos. Sin embargo, en ciertos países esto parece atenuarse. El efecto del Accidente del Nacimiento se ve atenuado en general en toda la Unión Europea, también en países como Australia o Canadá, pero muy en especial, en los países Escandinavos. Y quizá el aspecto en el que mejor se plasme esta condición, es el sistema penitenciario.

Los Estados nórdicos tienen un enfoque netamente de rehabilitación de los ciudadanos que cometen un crimen, en este caso es el Estado quien asume la responsabilidad por quienes infringen la ley, y la idea es “recuperar” al ciudadano. La cuestión del cómo se permiten hacerlo, es porque el Estado previamente ha invertido una gran cantidad de recursos en cada ciudadano a través de infraestructura social, y la generosidad de su sistema penitenciario se trata meramente de uno de los frutos. Dicho de otra forma, el “gasto” para recuperar a un individuo que ha infringido la ley, será menor en la medida en que previamente se haya invertido en su bienestar y desarrollo individual. ¿Parece muy lógico, verdad? Pero si en este punto yo les mencionase que el Reino de Noruega se gastó casi 800 mil euros en pagarle a un artista para que ilustrase los interiores de la prisión de Halden, sería muy razonable que alguien se preguntase si este se trata de un gasto “menor”, y de hecho construir esa prisión costó alrededor de 16 millones de euros. Si eso se trata de mucho o poco para un país, es debatible, pero ese precio es bastante bajo si se compara con otras prisiones de países desarrollados, por poner un ejemplo, para la construcción de la nueva prisión en Pennsylvania (EEUU), se destinarán 250 millones de euros.

              Prisión Halden
                                            Diseño de los muros en la prisión Halden, por el artista urbano Dolk

Esos millones pueden hacernos intuir que, entre menos desarrollo e infraestructura social tenga un país el costo de la rehabilitación y reinserción se elevará en forma proporcionalmente inversa, hasta llegar a un punto en el que simple y llanamente, el costo para rehabilitar a un ciudadano que cae en prisión se volverá tan alto que será, para fines prácticos, despreciado por el Estado. Ese es el momento exacto cuando las cárceles pasan a convertirse en auténticas escuelas de criminales, porque todavía, y más allá de que exista un supuesto coste para recuperar a estas personas, comúnmente sufrirán daños psicológicos que podrían calificarse como irreparables. El día 3 de diciembre de 2010, en México, se capturó a un asesino a sueldo del “narco” que contaba catorce años de edad. Al hacer su declaración ante los medios de justicia afirmó haber degollado a cuatro personas que después aparecieron desmembradas y colgadas en un puente de una autopista.

Catorce años.

¿Qué tiene que vivir un niño de catorce años para llegar a hacer algo así? ¿O qué es lo que no vivió? ¿Qué tan importantes son las condiciones en que nacemos para el resto de nuestra vida? ¿Cuánto les debemos a nuestros padres? ¿Cuánta gente que está en la cárcel proviene de hogares disfuncionales? ¿Seríamos la misma persona si hubiéramos crecido en una favela en Río de Janeiro, o en las calles de Afganistán, o en un barrio bajo de Ciudad Juárez? ¿Tendríamos los mismos valores? ¿Tendríamos valores? ¿Qué papel tiene en nuestro presente nuestro núcleo familiar? ¿Buenos padres crían buenos hijos? ¿Y malos padres, malos hijos? ¿Qué es ser “buenos” o “malos” padres? ¿Basta con ser buenos padres para criar buenos hijos? Haré un intento por responder a estas preguntas con una idea personal, creo que el problema radica en una relación: la relación entre la escasez/abundancia de recursos en el ambiente, y los individuos en ese mismo ambiente. Permítanme explicarme, para lo cual solicito un poco de paciencia.

En las sociedades donde predomine la escasez, a mayor sea, los individuos tenderán a desarrollar un pensamiento “corto placista”, pues la necesidad de satisfacer las necesidades básicas se vuelve el todo, no hay espacio para pensar en el futuro porque el tiempo debe emplearse en su mayoría en conseguir el sustento. Si observamos la distribución del gasto de las personas en los países pobres, la proporción de su ingreso que emplean en bienes de consumo inmediato (principalmente alimentos) constituye un porcentaje que tenderá a ser más elevado entre mayor sea la escasez; por otro lado, en una zona de abundancia la gente tenderá a designar cada vez menos cantidad de su ingreso en bienes de consumo inmediato. A su vez el coste relativo de estos productos tiende a disminuir, aparece el gasto en el ocio, y también se desarrolla un pensamiento “largo placista”. Así, a mayor escasez los individuos tenderán a comportarse en función del corto plazo, y a mayor abundancia, empezarán a comportarse en función del largo plazo.

En la escasez los individuos tenderán a comportarse en forma egoísta, pues compartir los recursos cuando no se tiene asegurada la supervivencia, atenta contra la vida de quien comparte. Por otro lado entre más recursos abunden, las personas tenderán a la cooperación. En este punto hay que tener en mente que la cooperación entre dos o más individuos es una inversión de recursos con los que se cuenta, para en un futuro obtener una ganancia mutua. El que en ciertos países como México o Venezuela se presenten altos índices de violencia y crimen, y que en contra parte, en países como Canadá o Dinamarca, suceda lo contrario, no se debe a que en los segundos la gente nazca siendo mejor persona que en los primeros. De hecho no tiene nada que ver con ello. Más allá de la incidencia en el crimen o la violencia, sucede que en ambientes de escasez, los individuos tenderán a no cooperar con los demás por la simple y sencilla razón, de que a nadie le gusta la idea de morirse de hambre.

La relación escasez/abundancia de recursos con los individuos de un ambiente, determina también los roles de los géneros. Con el paso de las generaciones los roles masculino y femenino tenderán a separarse en una sociedad de escasez, entre mayor sea la pobreza generalizada, las mujeres tenderán a centrarse en un rol reproductivo, mientras que los hombres se centrarán en el rol protector/proveedor. Por contra parte, entre mayor abundancia de recursos exista los roles tenderán a equipararse. La razón para este patrón radica en que entre más escasos sean los recursos, más se buscará asegurar la preservación, las mujeres tendrán más y más partos para biológicamente buscar superar la tasa de mortandad infantil, restándoles a ellas energía y tiempo; mientras que los hombres tenderán a acercarse al rol que coloquialmente se asocia con el machismo. Entre mayor sea la abundancia en la sociedad los roles del hombre y la mujer tienden a acercarse, porque se ha superado el imperativo de la supervivencia, la separación de los roles ya no sólo no es necesaria si no que no es conveniente, porque la integración económica de la mujer resulta claramente mejor para la sociedad. Es evidente que entre mayor sea la integración de la mujer en el mercado laboral en un país, más participa este de la bonanza que de la miseria; los ejemplos más claros son, nuevamente, los países escandinavos con Suecia en el primer escaño a nivel mundial de integración de la mujer en el sector laboral, mientras que por el lado opuesto, tenemos a la totalidad del mundo musulmán.

En un entorno de pobreza, la preocupación por la supervivencia toma la mayor jerarquía y afecta a todas las decisiones de las personas; así, en la medida en que exista abundancia en el entorno, los individuos tenderán a preocuparse por tareas no inmediatas y, al mismo tiempo, tenderán a cooperar más con el resto de la sociedad. La cooperación entre las personas es el fundamento de lo que nos afilia a un Estado, pero no puede esperarse que todos cooperen si muchos tienen el estómago vacío, o si viven en las calles, o si por más que trabajan jornadas diarias de lunes a sábado perciben un salario que no les permite sobrevivir. La cooperación entre los ciudadanos se da a través del respeto y seguimiento de las leyes, pero si el Estado a través del funcionamiento de esas leyes no respalda al ciudadano, se impondrá la necesidad de sobrevivir y así estos mismos ciudadanos, naturalmente, rechazarán si es necesario, cumplir la ley. La cooperación entre los ciudadanos es proporcional al respaldo que ofrezca el Estado para primero preservar, y después, desarrollar sus vidas. De esta manera podemos afirmar que un país en el que sus ciudadanos incurren en bajos índices de criminalidad, o dicho de otra forma, que muestran una conducta de mayor seguimiento y respeto a la ley, es porque esa ley les respalda en forma efectiva sus necesidades, primero las básicas, después las ulteriores. Ahora, tomemos como referencia la Pirámide de Maslow:

En la medida en que el funcionamiento del Estado y la ley tienda a asegurar las necesidades fisiológicas y de seguridad de una cada vez mayor capa de la población, los ciudadanos tenderán a una mayor cooperación a un nivel social, es decir, tenderán a  afiliarse más al Estado y a respetar la ley. El Crecimiento de una sociedad a partir de este punto anterior, es ya una cuestión de tiempo.

Los países Escandinavos presentan una incidencia en actividad criminal que es notablemente baja a nivel mundial, ¿Qué nivel de cooperación ha alcanzado el Reino de Noruega, para que se permitan tener esos “lujos” como su sistema penitenciario? Y en el lado opuesto, ¿Tendrá algo que ver que la gente no respete la ley cuando se presentan casos como el de México, en el que desde hace ya más de 10 años, el 99% de los casos en que se denuncia un crimen, este no llega a un veredicto? Seguro que tiene algo que ver, pero atender a esa pregunta sería quedarnos en un primer plano completamente irrelevante e inútil, lo importante es comprendercómo los países escandinavos han alcanzado ese nivel tan impresionante de cooperación entre sus ciudadanos y con el Estado. Se trata de un Contrato Social, y el cómo se construye ese contrato. La respuesta está, pecando de falta de originalidad al decirlo: En el pasado, en la Historia.

Altos índices de no cooperación con la ley son indicadores de ruptura del Contrato Social, en cuanto una gran masa de la ciudadanía no se vea respaldada por el Estado, el contrato se fractura, y al final, se rompe. Los síntomas son muchos: huelgas, alta actividad criminal, migración masiva, etcétera. Los países Escandinavos tuvieron esa ruptura en los años 20s y 30s, y su panorama en ese entonces no era muy distinto del de cualquier país del Tercer Mundo en el presente. Sólo por dar un ejemplo, en los años 30s, Noruega y Suecia ocupaban la primera y segunda plaza en incidencia de huelga a nivel mundial. En la siguiente entrega de esta serie de cartas pretendo abordar esa Historia, la de cómo se construyó un Contrato Social sustentable. La única hipótesis con la que partirá ese análisis, es que las sociedades tienen que construirse a sí mismas y vivir ese proceso. Los ejemplos históricos los tenemos tan cerca que nos cubren la vista:

“Cada una de las nuevas naciones tuvo, al otro día de la Independencia, una constitución más o menos (casi siempre menos que más) liberal y democrática. En Europa y en los Estados Unidos esas leyes correspondían a una realidad histórica: eran la expresión del ascenso de la burguesía, la consecuencia de la Revolución Industrial y de la destrucción del antiguo régimen. En Hispanoamérica sólo servían para vestir a la moderna las supervivencias del sistema colonial. La ideología liberal y democrática, lejos de expresar nuestra situación histórica concreta, la ocultaba. La mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño moral ha sido incalculable y alcanza a zonas muy profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad. Durante más de cien años hemos sufrido regímenes de fuerza, al servicio de las oligarquías feudales, pero que utilizan el lenguaje de la libertad. Esta situación se ha prolongado hasta nuestros días. De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma. Éste parece ser el sentido de los actuales movimientos latinoamericanos, cuyo objetivo común consiste en realizar de una vez por todas la Independencia. O sea: transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en fachadas para demagogos y turistas.”

Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad

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