Genio y legado comprometido con la salud venezolana y del mundo

Jacinto  Convit, director del Instituto  Nacional de Biomedicina

Galeno venezolano que ha unido con perfecta simetría el quehacer de las ciencias y el lado humano en procura de la cura de múltiples enfermedades

Reconocido médico-investigador venezolano, en su haber posee innumerables nominaciones y premios en reconocimiento, a la entrega y la ardua labor que reside en el hallazgo de los males que  no sólo aquejan  a  Venezuela  sino  al mundo. A sus 92 años, este visionario incansable, expresa como si nada  a este rotativo “hemos desarrollado  a través  de terapias de inmunología la vacuna contra el cáncer de seno, de colón y de estomago”

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Con una sonrisa afable y una tranquilidad envidiable en medio del bullicio caraqueño, se encuentra el Dr. Jacinto Convit, rodeado de premios y  placas de reconocimientos bien válidos, uno de los más grandes científicos que ha dado Venezuela, se mantiene a cargo de la dirección del Instituto Nacional de Biomedicina del Hospital Vargas,  a sus 92 años  atiende bien dispuesto a sus pacientes cada tres veces por semana.

Este insigne médico  venezolano,  con más de 72 años de ejercicio explica que nunca tuvo interés alguno de trabajar en el lado privado de la medicina,  cuenta con 51 años de labor ininterrumpida  en el Hospital  Vargas y 35 años en la conducción del  Instituto de  Biomedicina.

Genio nacido el 11 de septiembre de 1913 en la parroquia la Pastora, mejor conocida por el descenso de hermosas mariposas amarillas procedentes de las faldas del Ávila. Hijo de inmigrante catalán y de madre venezolana de origen canario, inició sus estudios en el Liceo Caracas.

Cursó el bachillerato en el Liceo Andrés Bello, alumno destacado del gran maestro Rómulo Gallegos en la cátedra de Filosofía y Matemáticas, sin duda la emoción destila en la límpida mirada de sus ojos azules, al rememorar su juventud el reconocido académico expresó: “Qué buenos recuerdos, un profesor ejemplar de talante visionario”.

En 1932  ingresó a la escuela de medicina de la Universidad Central de Venezuela donde obtuvo el título de  Doctor en Ciencia Médicas en 1938.

Una invitación le cambiaría la vida y demarcaría su destino en el año 1937,  el doctor Martín Vegas conocido pionero en los estudios sobre la lepra dio a conocer a Convit, la vieja casona de Cabo Blanco en el estado Vargas, la cual  albergaba a cientos de pacientes afectados por lacería o lepra.

En aquel tiempo esta enfermedad era el causal del prejuicio más arraigado dentro de la sociedad, a los leprosos se les encadenaba y eran custodiados por autoridades policiales, imagen que definiría el carácter humano de Convit, quien ante tal maltrato, exigió a los guardias un mejor proceder con los enfermos.

La compasión y el querer por los pacientes no tuvieron límites  en Jacinto Convit, quien unió esfuerzos junto a seis médicos venezolanos y dos italianos, para encontrar la cura a esta enfermedad.

Luego de varias investigaciones con el único remedio empleado en estos pacientes, el aceite de Chaulmoogra,  pudieron comprobar que el compuesto de Sulfota y Clofazimina podía fungir con gran efectividad en contra de este mal, lo que conllevó el cierre de las conocidas leproserías donde los enfermos eran encerrados y vejados en su condición humana.

En el año 1988, los grandes avances en estudios epidemiológicos, le valieron una nominación al Premio Nobel de Medicina, por el descubrimiento de la vacuna contra la lepra, la cual resultó de la combinación  de la vacuna de la tuberculosis con el  bacilo Mycobacterium leprae. Un año antes de esta nominación, Convit  recibió un premio  Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Avances cercanos

En una entrevista para este rotativo, Jacinto Convit nos cuenta, con la sencillez propia del galeno de antaño, “hemos desarrollado  a través  de terapias de inmunología la vacuna contra el cáncer de seno, de colón y de estomago”.

Acompañado de una gran sonrisa, el invaluable científico venezolano, lanzó este enunciado sin ton ni son, en este sentido agregó que “el precio es enorme para combatir estas enfermedades, las terapias de quimioterapia son sumamente costosas para los pacientes, la quimio puede costar cerca de 3000 dólares, la vacuna que venimos desarrollando en inmunoterapia del Vargas es gratuita”.

El investigador comentó que tal vacuna está compuesta por células mutantes del paciente, las cuales poseen varios tipos de células y no una sola, “la mutación es la que provoca la recaída más adelante en el paciente, al combinar un gramo de células cancerígenas que tan sólo tienen si acaso el costo de 5 dólares, el paciente desarrolla una mejoría en su propio organismo por la producción  de anticuerpos que destruyen las células cancerígenas”, reiteró.

Sin embargo, no todo queda allí, el especialista en enfermedades parasitarias, indicó que han obtenido grandes resultados en los pacientes a quienes se les ha suministrado esta vacuna, en  mención especial a las afectadas con cáncer de seno, que a juicio de esta eminencia “son las que asisten a nuestro recinto, con una inmensa fe y en gran cantidad”.

Por lo que sostiene, “como esta vacuna no hay ninguna, en el país no es  frecuente la producción de vacunas, somos más bien quienes las recibimos de otros países”.

Emocionado y con una lucidez increíble afirmó que “desde el Hospital Vargas queremos contribuir en la vida de los pacientes, queremos impartir  tratamientos, no buscamos dinero de nadie, sólo llamamos a los enfermos para que asistan a este instituto”.

El talante de este genio y las ganas de hacer el bien al prójimo siguen intactas a pesar del  paso de los años, aluden a un médico comprometido y un legado de vida sin distinción, “uno trabaja para la gente que sufre, que no tiene dinero  no hay nada más precioso que ver que la enfermedad se cura, el médico no debe enriquecerse con esta carrera, venimos a salvar vidas, esa es la paga más invaluable del mundo”, concluyó el hijo consentido que ha dado la parroquia La Pastora.

Jalbornoz@dearmas.com

Por: JENNIFER ALBORNOZ

Fecha de publicación 06.06.2010 Trabajo especial Diario 2001, del cual me siento inmensamente orgullosa, de conocer seres hermosos que conforman a mi pequeña Venezuela.

Gracias Convit, jamás olvidaré el día que estreché tus manos…

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