Visiones y apuntes cinematográficos: The Squid and The Whale

Jenn and the sea

Estuve escondida este fin de semana, entre hojas y muchas películas, mis manos fueron repletas de historias, historias con un lugar común, no sé por qué pero para mi análisis continuo de los designios terrenales, traje a colación las conversas con mis buenos amigos, no soy de las que se enganchan con una ciudad y venden su nacionalidad por un par de monedas llamadas confort, jamás habrá nada como su tierra, aunque ésta posea miles de desencantos, irrealidades socio-políticas uno siempre se sentirá en casa.


Nunca sufrí del sentirme colapsada y atrapada por una ciudad o un país, jamás he dedicado mi vida entera a una sola ciudad, elevando una insignia de ciudadano del mundo, la verdad es triste ser ambiguo y no sentirte parte de lo que te dio la vida y te vio crecer, por unos acentos unas cuantas monedas y unos cuantos puentes, logras  vender el alma al diablo, a la ramera que jamás puedes dejar, ya que la tienes  allí adentro del alma,  sin duda como mi amigo racoon dice, la ciudad de los que  buscan perdón.

Mi sábado desvelada hasta las 6am viendo películas, hice una suerte de apología de historias humanas, entre el desdén de los recuerdos y los hilos que interconectan sentimientos sean dulces o amargos, todos con una locación en común, me pregunté será que esta ciudad tan soñada por unos, será el causal de que las relaciones de pareja nunca funcionen, Sex and the City, la retrata como el animal inconmovible que se llena la panza, de galerías de “artistas” en cada esquina, de estrenos y fiestas, la “capital del diseño” etc, etc. Eternal Sunshine of the   Spotless Mind, la retrata como fría, ambivalente, huidiza, como el refugio de quienes huyen de los recuerdos que los aterran en una relación, y finalmente esta película la cual fue el causante real de mi desvelo, llamada ” The Squid and the Whale”, me dejó por momentos sin habla, de la dirección impecable anudada, sin duda a  las actuaciones,  las  cuales fueron un añadido perfecto, al menos para mí en  la significación de lo que busca transmitir este film.

The Squid and the Whale

La cinta se desarrolla a mediados de los ochentas, y sigue la separación de los esposos Bernard (Jeff Daniels) y Joan (Laura Linney), y las reacciones de sus hijos Frank (Owen Kline) y Walt (Jesse Eisenberg), de 12 y 16 años aproximadamente. Para seguir conviviendo, los padres deciden compartir la custodia de los hijos pero, lejos de ayudar, eso sólo fragmenta más a la familia, que deberá encontrar una nueva dinámica para preservar sus lazos si es que eso es posible.

Podría alegarse que la película sigue el punto de vista de los hijos, pues es a través de ellos como nos vamos enterando de la situación y de su posible origen. Pero creo que sería más preciso decir que el director Noah Baumbach quiso ofrecernos una visión más voyeurística del divorcio, con la dinámica cámara como mudo testigo de los eventos, sin ofrecer explicaciones fáciles y, más importante, sin juzgar a los participantes.

Y vaya que habría motivos para juzgar. Desde la torcida sexualidad del pequeño Frank hasta la ambigua moralidad de la madre, todos tienen defectos que exacerban la situación y contribuyen a la disolución de la familia. Pero al omitir juicios éticos y lecciones moralistas el director nos presenta una mirada mucho más pura de la situación (aparentemente auto-biográfica), que queda entonces abierta a la interpretación del espectador.

Es una pena que el bajo presupuesto de “Historias de Familia” así traducida al español,  haya limitado su difusión. Las actuaciones del elenco merecen aplauso universal, desde la siempre confiable Laura Linney hasta Jeff Daniels, usualmente relegado a papeles de bufón, pero que esta vez demuestra su notable rango dramático. Los actores jóvenes también sobresalen, particularmente Owen Kline (hijo de Kevin Kline y Phoebe Cates) y Anna Paquin como una audaz joven universitaria.

En un nivel, creo que el alejamiento emocional de “Historias de Familia” la hace demasiado fría y analítica; pero al mismo tiempo crea un ambiente mucho más interesante que nos permite examinar racionalmente la mecánica del divorcio y sus efectos. Más aún, el sutil humor de la cinta subraya el absurdo de ciertas situaciones y contribuye a evitar que la película se vuelva demasiado solemne, por no mencionar la omnipresente burla del mundillo intelectual literario.

Entonces, gracias a su trama íntima y a sus emociones universales, queda por parte del espectador el establecer juicios y asignar culpas. Igual que en la vida real, las cosas rara vez son absolutas y esa ambigüedad es lo que le da nueva vida a “Historias de Familia”, a pesar de que su historia no sea muy original. Sin embargo, es obvio que todo está en la narrativa, y en ese aspecto el director Noah Baumbach muestra notable talento, que junto a su perfecto elenco da como resultado una película de difícil clasificación pero muy fácil asimilación. La recomiendo con entusiasmo, pero advirtiendo que no se trata de un cansado drama diseñado para producir lágrimas, sino de una diestra de-construcción de un fenómeno social cada vez más común y quizás cada vez más válido”.

Museo de Ciencias

De cómo se filmó:

“Fue un cambio significativo para mí y me sentí liberado en muchos aspectos -me permitó conectar de una forma más directa-”, añade. “Luego, empecé a escribirlo desde el punto de vista de los padres. De repente, se había convertido en una película sobre la familia”, comenta Baumbach.

El magnífico reparto, encabezado por Jeff Daniels y Laura Linney, explora una época memorable de los años ochenta en la que los matrimonios se resentían por un cambio de los valores, de los deseos personales y de las expectativas laborales.

“Era fabuloso trabajar con el reparto. Todos se metieron de lleno en el papel. Jeff encarnó a Bernard tan maravillosamente que empecé a experimentar una transferencia psicológica con él y comencé a admirarle como admiraba Walt a Bernard. Fue algo sobrecogedor”, afirma Baumbach.

Cuando comenzó el rodaje el verano de 2004, Baumback regresó a sus raíces, rodó entre las casas de piedra de finales de siglo del barrio de Park Slope, en Brooklyn, donde se crió en los ochenta. Muchas escenas se rodaron en el Midwood High School, su instituto. “El que era el jefe del departamento de inglés cuando yo estudiaba allí es ahora el director, y se alegró mucho al verme por allí”, comenta Baumbach. “Era muy agradable ver tanta voluntad y colaboración”, añade.

De hecho, se pudo rodar en muchas de las localizaciones de Brooklyn, incluida la casa de los Berkman donde se desarrolla gran parte de la acción, gracias a amigos y conocidos de Baumbach. “La casa en la que rodamos pertenecía a mi amigo de la infancia Ben y a su mujer Molly. Fueron muy generosos, nos dejaron transformarla y accedieron a mudarse mientras duraba el rodaje. Rodar en lugares que tenían un verdadero significado para mí me ayudó a conectar con el material tanto a nivel visceral como creativo”, cuenta Baumbach.

“Aunque es verdad que me crié en Brooklyn y que mis padres se divorciaron, gran parte de la película es pura ficción. Lo que es real es el sentimiento… Los sentimientos son muy reales”, explica.

Al productor Peter Newman le atrajo el intimismo de una historia contada a través de los ojos de unos niños, a los que no se menospreciaba por su corta edad.

“No sólo me parecía bueno el guión, me motivaba y hacía que tuviera ganas de ponerme manos a la obra… Me parecía que trataba de forma imparcial un tema muy complicado”.

Baumbach trabajó con la diseñadora de producción Anne Ross para que las dos casas fueran muy distintas. “Para la casa de piedra de Park Slope donde al principio vive toda la familia usamos muchos tonos marrones y azules”, explica Baumbach. “Viejas alfombras, un sofá de pana y numerosos detalles -la madera, las molduras de aquellas casas le dan ese maravilloso toque de calidez-. La casa a la que se traslada Bernard está influenciada por algunos de los cuadros de Lucian Freud. Utilizamos verdes apagados y amarillos, el color de las plantas viejas y marchitas”, comenta.

En cuanto a otro toque personal, el director admite: “Hice que Jeff Daniels llevara la ropa de mi padre. No era porque quisiera de alguna forma que encarnara a mi padre sino porque el tener esas cosas ahí me acerca a los personajes y a la historia, me mete más en ella y eso me gusta”.

Rodando en Super 16 en lugar de en vídeo digital, Baumbach pretendía que la película tuviera ese toque de los ochenta. “Lo cierto es que no quería utilizar tecnología que no existiera por aquel entonces”, dice.

Además del reparto de lujo, los productores reunieron a algunos de los mayores talentos de Nueva York para trabajar detrás de la cámara.

“El momento más significativo para mí fue cuando a mitad del rodaje trabajábamos un disparate de horas y todos estábamos agotados”, recuerda Newman.

“Todos los jefes de departamento eran pesos pesados de la industria y teníamos uno de los mejores jefes de maquinistas de Nueva York, que trabaja en películas de cien millones de dólares y que estaba trabajando en esta por una mínima parte de su salario. Se llama Bob Andres y le dije: ‘Bob, quiero darte las gracias por aceptar el trabajo’, y le pregunté por qué lo hacía. Me contestó que por el guión. Me impactó, todo el equipo había sacrificado sus vacaciones de verano por participar y todos lo hacían por el guión. Fue emocionante”.

Exceptuando a los experimentados jefes de departamento, el resto del equipo estaba integrado básicamente por becarios. Apenas había mandos intermedios en la película. “Les pedíamos a los becarios que hicieran un sinfín de cosas. Era la única manera de poder hacer la película. Fue idea de Noah”, comenta Newman. “No podíamos permitirnos tener ayudantes de producción, así que teníamos un montón de becarios. Di una clase en el Vassar y contraté a todos para que me ayudaran gratis”, afirma Baumbach.

Quizá el mayor desafío del rodaje era tener que hacerlo en sólo veintitrés días. “Había días en los que se iba haciendo tarde y pensaba: ‘Hoy lo hemos hecho bien, ha sido un buen día de trabajo’, y de repente me daba cuenta de que quedaban por rodar dos escenas importantísimas. Aunque sólo fueron veintitrés días, al final teníamos la impresión de haber rodado cien”.

Las canciones, tanto de la generación de los niños como de los padres, ayudaron también a darle ese toque a la película. “Hey You”, de Pink Floyd, tiene un protagonismo especial. Es una canción que a ciertas personas les trae muchos recuerdos. “Yo era un gran fan de Pink Floyd de pequeño. Y lo sigo siendo”, comenta Baumbach.

En la sala de montaje, Baumbach y el montador Tim Streeto imprimieron un ritmo sorprendente al material. “El ritmo del montaje no era algo en absoluto planeado”, dice el director. “Pero una vez que se montó la escena del partido de tenis que abre la película me di cuenta de lo pronto que el público se mete de lleno en la película y quería que esa sensación se mantuviera. A medida que avanzaba, experimentaba con más escenas cortas y llegué a hacer cosas que creí que no funcionarían. Es una película corta en cuanto a duración pero llena de emociones. Normalmente hay momentos en una película –momentos de transición como el amanecer o el atardecer en una ciudad- en los que los espectadores creen que tienen un segundo para hablar. Son momentos para tomar aliento. Yo no quería nada de eso. La película no da tregua y al final te deja con una sensación de ahogo. Quiero que deje al espectador sin aliento”, añade Baumbach.

Ficha Técnica

Dirección y guión: Noah Baumbach.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 88 min.
Género: Drama, comedia.
Interpretación: Jeff Daniels (Bernard Berkman), Laura Linney (Joan Berkman), Jesse Eisenberg (Walt Berkman), Owen Kline (Frank Berkman), Anna Paquin (Lili), William Baldwin (Iván), Halley Feiffer (Sophie), David Benger (Carl), Henry Glovinsky (Lance), Eli Gelb (Jeffrey).
Producción: Wes Anderson, Peter Newman, Charles Corwin y Clara Markowicz.
Música: Dean Wareham y Britta Phillips.
Fotografía:
Robert Yeoman.
Montaje: Tim Streeto.
Diseño de producción: Anne Ross.
Vestuario: Amy Westcott.
Estreno en USA: 5 Octubre 2005.
Estreno en España: 23 Junio 2006.

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