Las palabras retumban en la mente (2da parte)

¿Alguna vez has pensado me gustas cuando callas porque estás como ausente?, muchos creen que este famoso verso de Neruda exclama que es mejor que guardes silencio porque eres insoportable, el mundo es libre de deliberar alrededor de frases y conceptos lo que debería ser o lo que no.

Si de libertad de interpretación hablamos, siempre he visto este poema como algo bastante cercano, porque considero que al llegar al silencio en pareja, viene el momento de la contemplación, el cual es el más sublime. Cuando surge ese silencio cómplice donde las palabras están de más, y es uno a uno frente a frente a lo que debería ser su reflejo.

En mi post anterior disertaba acerca de los sentidos y uno de los más importantes para mí es el oído conjuntamente con la vista, cuando las palabras comienzan a seducirte y a trasladarte a lugares de ensueño o picardía, he allí el siguiente paso. No puedes sacártelo/a de la mente, y empieza a surgir la pregunta más empleada por todos qué sería si…

Lo elocuente es cuando tomas tu libre albedrío y decidas echarte al agua, no hay garantía alguna de que las cosas resulten como tu mente unida a las palabras creían que sería. Más es un acto riesgoso que se debe tomar, mi experiencia personal ha concretado que hay que ser bastante precavido y observar muchas variables antes de echarte al agua. Entre ellas está el discernimiento, trata de oír la voz que posees internamente, con ello siempre tendrás una alerta fiable.

Es obvio que las diferencias de caracteres, personalidades harán mellas, pero nunca te fíes de las apariencias, aquel que luce más incauto de seguro es el más dañino y neurótico/a al que puedas estar expuesto.

Volviendo a las palabras hay frases que te roban el aliento, la concentración o simplemente te traen consigo un debate interesante entre doña razón y don sentimiento, pareciera sacado de la Celestina (lo digo hacia mis adentros). Es así, es increíble como una mera frase puede derrocar la convicción del más firme, y crear de él un columpio de deseos.
Las palabras instan a la acción y nuestro dictamen va unido entre la relación dual de mente y cuerpo; cuando éstas surten efecto empezamos a ser víctimas de las segregaciones químicas del cuerpo, y he allí el tercer paso la consumación de las palabras a través del gusto de la boca, “
parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.”

Las papilas gustativas conjuntamente con la química llegan a su contraste más excelso, donde una primera cita no es del todo definitiva, se pueden dar largas al asunto buscando el complemento perfecto, que no es tan sencillo de conseguir. Creánme que cuando lo hagan sonará de fondo un jackpot que no todos logran tener.

De seguro será mi mente femenina diseñada diferente a la de los hombres, no soy del todo creyente de esto, me parece que libros como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, son una patraña para seguir viviendo subyugadas al cromagnon interno que no evoluciona con los años, el cual hay que excusar por los siglos, pero si la mujer llegase a cometer un error siempre será la señalada cual inquisición y será consumida por los ademanes más cercanos a su media naranja.

Retomando la disertación, puedo afirmar: “Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: Déjame que me calle con el silencio tuyo”. El silencio que todos disfrutamos es la de un buen beso inicial, el del mes, el de buenos días menos el de cuando se termina el ciclo, pero equivale a un placer que todos adoramos palpar.

Comparto una postura de mi artista predilecto Salvador Dalí, donde decía que el acto de besar era como devorarse, ciertamente es una forma primaria de ser o al menos intentar ser consumida uno por el otro o mejor aún fusionados en la abstracción del momento.

Las palabras conducen al deseo del beso, el beso por ende conlleva al tacto y de allí todos los sentidos, van latiendo al unísono como la armonía más entrañable que te eclipsa por segundos y te dices vale la pena vivir esto.

El tacto una caricia bien empleada puede llevarte al tránsito en espiral de todo lo que te desvanece de este convulsionado planeta. Llámenme maniqueísta, de todas formas no me importa, siempre reiteraré que los sentidos en balance interactúan como una orquesta que responde ante la ejecución correcta del director. Hasta un nuevo post seguiré disfrutando de mi té de mate.

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2 comentarios en “Las palabras retumban en la mente (2da parte)

  1. Con todo ese despliegue de conceptos, para luego reunirlos en una masa única de la idea predominante en ti, cual herramienta casi perfecta para transitar por encima de la flor y de la bestia, cómo has de errarle con el flash a la imagen que quiere ser difusa, cómo errarle a la cabeza del clavo y hundirlo en la materia y que sea para lo que fue hecho. Una leve discrepancia sobre los sentidos, el faltante de uno debilita los otros, pero si tuviera que elegir me quedaría con la visión, por como están las cosas en el mundo, de otra manera elijo el tacto, mi piel.
    Y en cuanto a la contemplación, debería ser materia obligada en todo existir, me refiero a esa a la del silencio. jorge

  2. PD. Una vez muy tonto yo, iba una mujer muy linda en el bus, leyendo precisamente ese libro “Los hombres son de Marte y las Mujeres de Venus”, y como me pareció pura patraña ese título y ella estaba tan linda, y como no puede faltar en mi el papel y el lápiz, al bajarme le dejé una esquelita con mi número telefónico y que eso no era verdad lo del título del libro, nunca me llamó, hubiese ido a Venus con ella. jajaja

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